EDUARDO GALEANO
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sabían. El consumo de cacao aumentaba y con él aumentaban las
cotizaciones y las ganancias. El puerto de Ilhéus, por donde se em-
barcaba casi todo el cacao, se llamaba «la Reina del sur», y aunque
hoy languidece, allí han quedado los sólidos palacetes que los
fazendeiros amueblaron con fastuoso y pésimo gusto. Jorge Amado
escribió varias novelas sobre el tema. Así recrea una etapa de alza de
precios: «Ilhéus y la zona del cacao nadaron en oro, se bañaron en
champaña, durmieron con francesas llegadas de Río de Janeiro. En
‘Trianón’, el más chic de los cabarets de la ciudad, el coronel Maneca
Dantas encendía cigarros con billetes de quinientos mil reis, repitien-
do el gesto de todos los fazendeiros ricos del país en las alzas anterio-
res del café, del caucho, del algodón y del azúcar»
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. Con el alza de
precios, la producción aumentaba; luego los precios bajaban. La ines-
tabilidad se hizo cada vez más estrepitosa y las tierras fueron cam-
biando de dueño. Empezó el tiempo de los «millonarios mendigos»:
los pioneros de las plantaciones cedían su sitio a los exportadores,
que se apoderaban, ejecutando deudas, de las tierras.
En apenas tres años, entre 1959 y 1961, por no poner más que un
ejemplo, el precio internacional del cacao brasileño en almendra se
redujo en una tercera parte. Posteriormente, la tendencia al alza de
los precios no ha sido capaz de abrir, por cierto, las puertas de la
esperanza; la CEPAL augura breve vida a la curva de ascenso
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. Los
grandes consumidores de cacao –Estados Unidos, Inglaterra, Ale-
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El título de «coronel» se otorga en Brasil, con facilidad, a los latifundistas
tradicionales y, por extensión, a todas las personas importantes. El párrafo
proviene de la novela de Jorge Amado, São Jorge dos Ilhéus (Montevideo,
1946). Mientras tanto, «ni los chicos tocaban los frutos de cacao. Sentían
miedo de aquellos cocos amarillos, de carozos dulces, que los tenían presos
a esa vida de frutos de jaca y carne seca». Porque, en el fondo, «el cacao era
el gran señor a quien hasta el coronel temía» (Jorge Amado, Cacao, Buenos
Aires, 1935). En otra novela, Gabriela, clavo y canela, Buenos Aires, 1969,
un personaje habla de Ilhéus en 1925, alzando un dedo categórico: «No
existe en la actualidad, en el norte del país, una ciudad de progreso más
rápido». Actualmente, Ilhéus no es ni la sombra.
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Refiriéndose a los aumentos de precios del cacao y del café, la Comisión
Económica para América Latina (CEPAL) de las Naciones Unidas dice que
«tienen un carácter relativamente transitorio» y que obedecen «en gran
parte a contratiempos ocasionales en las cosechas». CEPAL, Estudio econó-
mico de América Latina, 1969, tomo II: La economía de América Latina en
1969, Santiago de Chile, 1970.