
EDUARDO GALEANO
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Un siglo después, cuando los guerrilleros de la Sierra Maestra
conquistaron el poder, Cuba seguía con su destino atado a la cotiza-
ción del azúcar. «El pueblo que confía su subsistencia a un solo pro-
ducto, se suicida», había profetizado el héroe nacional, José Martí. En
1920, con el azúcar a 22 centavos la libra, Cuba batió el récord mun-
dial de exportaciones por habitante, superando incluso a Inglaterra, y
tuvo el mayor ingreso per cápita de América Latina. Pero ese mismo
año, en diciembre, el precio del azúcar cayó a cuatro centavos, y en
1921 se desató el huracán de la crisis: quebraron numerosas centra-
les azucareras, que fueron adquiridas por intereses norteamericanos,
y todos los bancos cubanos o españoles, incluyendo el propio Banco
Nacional. Sólo sobrevivieron las sucursales de los bancos de Estados
Unidos
24
. Una economía tan dependiente y vulnerable como la de
Cuba no podía escapar, posteriormente, al impacto feroz de la crisis
de 1929 en Estados Unidos: el precio del azúcar llegó a bajar a mucho
menos de un centavo en 1932, y en tres años las exportaciones se
redujeron, en valor, a la cuarta parte. El índice de desempleo de Cuba
en esos tiempos «difícilmente habrá sido igualado en ningún otro
país»
25
. El desastre de 1921 había sido provocado por la caída del
precio del azúcar en el mercado de los Estados Unidos, y de los Esta-
dos Unidos no demoró en llegar un crédito de cincuenta millones de
dólares: en ancas del crédito, llegó también el general Crowder; so
pretexto de controlar la utilización de los fondos, Crowder goberna-
ría, de hecho, el país. Gracias a sus buenos oficios la dictadura de
Machado llega al poder en 1924, pero la gran depresión de los años
treinta se lleva por delante, paralizada Cuba por la huelga general, a
este régimen de sangre y fuego.
Lo que ocurría con los precios, se repetía con el volumen de las
exportaciones. Desde 1948, Cuba recuperó su cuota para cubrir la
tercera parte del mercado norteamericano de azúcar, a precios infe-
riores a los que recibían los productores de Estados Unidos, pero más
altos y más estables que los del mercado internacional. Ya con ante-
rera: Esperanza, Nueva Esperanza, Atrevido, Casualidad; Aspirante, Conquista,
Confianza, El Buen Suceso; Apuro, Angustia, Desengaño. Había cuatro inge-
nios llamados, premonitoriamente, Desengaño.
24
René Dumont, Cuba (intento de crítica constructiva), Barcelona, 1965.
25
Celso Furtado, La economía latinoamericana..., op. cit.