EL REY AZÚCAR Y OTROS MONARCAS AGRÍCOLAS
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se quedaron, pues, entre el ’64 y el ’68, con este trece y con aquel
treinta: ganaron a dos puntas. En el mismo espacio de tiempo, los
precios que recibieron los productores brasileños por cada bolsa de
café se redujeron a la mitad
74
. ¿Quiénes son los intermediarios? Seis
empresas norteamericanas disponen de más de la tercera parte del
café que sale de Brasil, y otras seis empresas norteamericanas dispo-
nen de más de la tercera parte del café que entra en los Estados
Unidos: son las firmas dominantes en ambos extremos de la opera-
ción
75
. La United Fruit (que ha pasado a llamarse United Brands mien-
tras escribo estas líneas) ejerce el monopolio de la venta de bananas
desde América Central, Colombia y Ecuador, y a la vez monopoliza la
importación y distribución de bananas en Estados Unidos. De modo
semejante, son empresas norteamericanas las que manejan el nego-
cio del café, y Brasil sólo participa como proveedor y como víctima.
Es el Estado brasileño el que carga con los stocks, cuando la sobre-
producción obliga a acumular reservas.
¿Acaso no existe, sin embargo, un Convenio Internacional del
Café para equilibrar los precios en el mercado? El Centro Mundial de
Información del Café publicó en Washington, en 1970, un amplio
documento destinado a convencer a los legisladores para que los
Estados Unidos prorrogaran, en septiembre, la vigencia de la ley com-
plementaria correspondiente al convenio. El informe asegura que el
convenio ha beneficiado en primer lugar a los Estados Unidos, con-
sumidores de más de la mitad del café que se vende en el mundo. La
compra del grano sigue siendo una ganga. En el mercado norteame-
ricano, el irrisorio aumento del precio del café (en beneficio, como
hemos visto, de los intermediarios) ha resultado mucho menor que el
alza general del costo de la vida y del nivel interno de los salarios; el
valor de las exportaciones de los Estados Unidos se elevó, entre 1960
y 1969, una sexta parte, y en el mismo período el valor de las impor-
taciones de café, en vez de aumentar, disminuyó. Además, es preciso
tener en cuenta que los países latinoamericanos aplican las deteriora-
das divisas que obtienen por la venta del café, a la compra de esos
productos norteamericanos encarecidos.
74
Datos del Banco Central, Instituto Brasileiro do Café y FAO, Revista Fator,
núm. 2, Río de Janeiro, noviembre-diciembre de 1968.
75
Según la investigación realizada por la Federal Trade Commission. Cid
Silveira, Café: um drama na economia nacional, Río de Janeiro, 1962.