EL REY AZÚCAR Y OTROS MONARCAS AGRÍCOLAS
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la puesta en práctica de los medios que la tecnología moderna pro-
porciona para la producción intensiva
123
.
En 1931, la Sociedad Rural oponía el caballo al tractor: «¡Agricul-
tores ganaderos! –proclamaban sus dirigentes–. ¡Trabajar con caba-
llos en las faenas agrícolas es proteger sus propios intereses y los del
país!». Veinte años después, insistía en sus publicaciones: «Es más fácil
–ha dicho un conocido militar– que llegue pasto al estómago de un
caballo que nafta al tanque de un pesado camión»
124
. Según los datos
de la CEPAL, Argentina tiene, en proporción a las hectáreas de su-
perficie arable, dieciséis veces menos tractores que Francia, y dieci-
nueve veces menos tractores que el Reino Unido. El país consume,
también en proporción, ciento cuarenta veces menos fertilizantes
que Alemania Occidental
125
. Los rendimientos de trigo, maíz y algo-
dón de la agricultura argentina son bastante más bajos que los rendi-
mientos de esos cultivos en los países desarrollados.
Juan Domingo Perón había desafiado los intereses de la oligar-
quía terrateniente de la Argentina, cuando impuso el estatuto del
peón y el cumplimiento del salario mínimo rural. En 1944, la Socie-
dad Rural afirmaba: «En la fijación de los salarios es primordial deter-
minar el estándar de vida del peón común. Son a veces tan limitadas
sus necesidades materiales que un remanente trae destinos social-
mente poco interesantes». La Sociedad Rural continúa hablando de
los peones como si fueran animales, y la honda meditación a propó-
sito de las cortas necesidades de consumo de los trabajadores brinda,
involuntariamente, una buena clave para comprender las limitacio-
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La pradera artificial representa, desde el punto de vista del capitalista gana-
dero, un traslado de capital hacia una inversión más cuantiosa, más riesgosa
y simultáneamente menos rentable que la inversión tradicional en ganadería
extensiva. Así, el interés privado del productor entra en contradicción con el
interés de la sociedad en su conjunto: la calidad del ganado y sus rendi-
mientos sólo pueden incrementarse, a partir de cierto punto, a través del
aumento del poder nutritivo del suelo. El país necesita que las vacas produz-
can más carne y las ovejas más lana, pero los dueños de la tierra ganan más
que suficiente al nivel de los rendimientos actuales. Las conclusiones del
Instituto de Economía de la Universidad del Uruguay (op. cit.) son, en cierto
sentido, también aplicables a la Argentina.
124
Dardo Cúneo, Comportamiento y crisis de la clase empresaria, Buenos Aires,
1967.
125
CEPAL, Estudio económico de América Latina, Santiago de Chile, 1964 y
1966, y El uso de fertilizantes en América Latina, Santiago de Chile, 1966.