FIEBRE DEL ORO, FIEBRE DE LA PLATA
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tan deslumbrante era la capital del imperio incaico, pero no demora-
ron en salir del estupor y se pusieron a saquear el Templo del Sol:
«Forcejeando, luchando entre ellos, cada cual procurando llevarse
del tesoro la parte del león, los soldados, con cota de malla, pisotea-
ban joyas e imágenes, golpeaban los utensilios de oro o les daban
martillazos para reducirlos a un formato más fácil y manuable... Arro-
jaban al crisol, para convertir el metal en barras, todo el tesoro del
templo: las placas que habían cubierto los muros, los asombrosos
árboles forjados, pájaros y otros objetos del jardín»
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.
Hoy día, en el Zócalo, la inmensa plaza desnuda del centro de la
capital de México, la catedral católica se alza sobre las ruinas del
templo más importante de Tenochtitlán, y el palacio de gobierno está
emplazado sobre la residencia de Cuauhtémoc, el jefe azteca ahorca-
do por Cortés. Tenochtitlán fue arrasada. El Cuzco corrió, en el Perú,
suerte semejante, pero los conquistadores no pudieron abatir del
todo sus muros gigantescos y hoy puede verse, al pie de los edificios
coloniales, el testimonio de piedra de la colosal arquitectura incaica.
ESPLENDORES DEL POTOSÍ: EL CICLO DE LA PLATA
Dicen que hasta las herraduras de los caballos eran de plata en la
época del auge de la ciudad de Potosí
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. De plata eran los altares de las
iglesias y las alas de los querubines en las procesiones: en 1658, para
la celebración del Corpus Christi, las calles de la ciudad fueron
desempedradas, desde la matriz hasta la iglesia de Recoletos, y total-
mente cubiertas con barras de plata. En Potosí la plata levantó tem-
plos y palacios, monasterios y garitos, ofreció motivo a la tragedia y a
la fiesta, derramó la sangre y el vino, encendió la codicia y desató el
despilfarro y la aventura. La espada y la cruz marchaban juntas en la
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Ibíd.
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Para la reconstrucción del apogeo de Potosí, el autor ha consultado los
siguientes testimonios del pasado: Pedro Vicente Cañete y Domínguez, Po-
tosí colonial; guía histórica, geográfica, política, civil y legal del gobierno e
intendencia de la provincia de Potosí, La Paz, 1939; Luis Capoche, Relación
general de la Villa Imperial de Potosí, Madrid, 1959; y Nicolás de Martínez
Arzanz y Vela, Historia de la Villa Imperial de Potosí, Buenos Aires, 1943.
Además, las Crónicas potosinas, de Vicente G. Quesada, París, 1890, y La
ciudad única, de Jaime Molins, Potosí, 1961.