EDUARDO GALEANO
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dinero alguno para la balanza de pagos o el presupuesto federal, por-
que eso podía beneficiar directamente al gobierno central»
55
.
La administración norteamericana había resuelto negar cualquier
tipo de cooperación al gobierno de Belaúnde Terry, en el Perú, «a
menos que diera las deseadas garantías de que seguiría una política
indulgente hacia la International Petroleum Company. Belaúnde re-
husó y, como resultado, a fines de 1965 no había recibido aún su
parte en la Alianza para el Progreso»
56
. Posteriormente, como se
sabe, Belaúnde transó. Y perdió el petróleo y el poder: había obedeci-
do para sobrevivir. En Bolivia, los préstamos norteamericanos no pro-
porcionaron un solo centavo para que el país pudiera levantar sus
propias fundiciones de estaño, de modo que el estaño continuó via-
jando en bruto a Liverpool y desde allí, ya elaborado, a Nueva York; en
cambio, la ayuda dio nacimiento a una burguesía comercial parasita-
ria, infló la burocracia, alzó grandes edificios y tendió modernas au-
topistas y otros elefantes blancos, en un país que disputa con Haití la
más altas tasas de mortalidad infantil de América Latina. Los créditos
de los Estados Unidos o sus organismos internacionales negaban a
Bolivia el derecho de aceptar las ofertas de la Unión Soviética, Che-
coslovaquia y Polonia para crear una industria petroquímica, explo-
tar y fundir el cinc, el plomo y los yacimientos de hierro, e instalar
hornos de fundición de estaño y de antimonio. En cambio, Bolivia
quedó obligada a importar productos exclusivamente de los Estados
Unidos. Cuando por fin cayó el gobierno del Movimiento Naciona-
lista Revolucionario, devorado en sus cimientos por la ayuda norte-
americana, el embajador de los Estados Unidos, Douglas Henderson,
comenzó a asistir puntualmente a las reuniones de gabinete del dic-
tador René Barrientos
57
.
Los préstamos ofrecen indicaciones tan precisas como las de un
termómetro para evaluar el clima general de los negocios de cada país,
y ayudan a despejar los nubarrones políticos o las tormentas revolu-
cionarias del transparente cielo de los millonarios. «Los Estados Uni-
55
Declaración ante la subcomisión de la Cámara de Representantes. Citado
por Nelson Werneck Sodré, História militar do Brasil, Río de Janeiro, 1965.
56
Frederick B. Pike, The Modern History of Peru, Nueva York, 1968.
57
Amado Canelas, Radiografía de la Alianza para el Atraso, La Paz, 1963; Maria-
no Baptista Gumucio y otros, Guerrilleros y generales sobre Bolivia, Buenos
Aires, 1968; y John Gunther, Inside South America, Nueva York, 1967.